Acababa de salir del restaurante donde trabajaba, eran las 12 de la noche y corrí hacia el teléfono de monedas que está en la esquina. Me había puesto de acuerdo con mi entonces novia, le había dicho que le llamaría saliendo de trabajar y así pensaba hacerlo, y así lo hice. Que alegría oír su voz después de un día tan largo. Seguro me contaría un breve resumen de su día, y así lo hizo. La plática fue algo así:
ella: tengo un problema con mi papá ¡Está loco! ¡me pide que maneje y me regaña todo el trayecto!
yo: no está loco, así son algunos con sus coches. Ten paciencia, trata de comprenderlo. mira te recomiendo un libro buenísimo para eso, se llama "inteligencia emocional" de Dan...ella: Eso no, ¡Yo no se para qué te cuento las cosas! Solo quería que me dijeras que estaba bien y que no pasaría nada... en vez de eso me lo echas en cara y me dices que yo soy la que está mal
yo: ok, amor. Perdóname, no me di cuenta de que solo querías eso.
Después de eso colgué el teléfono y me convertí en la persona más condescendiente del mundo para ella, y mi interés se fue al olvido. Me dí cuenta que para ella no importaba que yo demostrara un verdadero interés, solo condescendencia. Me quería para escuchar lo que ella misma ya pensaba, pero en una voz más grave, solo lo que ella quería oír. Me volví indiferente en algo que en verdad me interesaba.
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