jueves, 8 de octubre de 2009

Grandes momentos de estupidez II (el camión, el auto y el atropellado)

-Quieres ir a jugar basket?
-hmm claro! por qué no?

ha!

De esa manera es como se iniciaba el funesto día en el que fui arrollado por un auto en una zona escolar.


Salí a toda prisa de mi casa con mi facha de basketbolista y mi balón en las manos ansioso de verla, digo; ¡Era la excusa perfecta! ¿Que mejor ocasión que combinar dos de las cuestiones que mas me deleitan en la vida? Camine todo el camino evitando botar el balón para no echarlo a perder (pensaba regalarle a ella ese balón) y pensando en llegar lo más rápido posible (ciertamente soy la persona menos puntual en mi mundo). El camión demoró entre 15 y 17 minutos en llegar a la parada donde yo estaba; mi ansiedad se incrementaba de manera exponencial, y cuando mi desesperación parecía estar en el limite de lo coherente, apareció el camión.
Contaba las casas que veía como unidad de tiempo y pensaba en la manera de pedirle disculpas a ella por la tardanza (aunque en realidad no hubiera habido problema, ella es en extremo comprensiva), en verdad me sentía apenado, así que seguía contando casas a través de la ventana al rededor de la casa número 21 reconocí la gasolinera que indica la cercanía a su casa de modo que me sentí aliviado pensando en que el camión había demorado poco tiempo en relación al promedio de los demás viajes. El chofer habla a los pasajeros y nos dice: "tengo que recargar combustible!", y sin más detuvo el camión y bajó a los pasajeros frente a una bomba de pemex y se dispuso a cargar el tanque se su maldito camión. En mi cabeza buscaba maneras creativas de asesinar al tarado del chofer por meterme en esa situación entre las cuales mi favorita era tomar la manguera de la estúpida bomba y enredarla al rededor de su mugroso (literalmente) cuello y aplastarle la cabeza con mis converse.

De nuevo en el camión y con una horrible combinación de sentimientos en la que se incluían una terrible desesperación y una culpa horripilante por llegar tarde como siempre.
¡Al fin! la parada del camión estaba a tan solo unos metros de distancia, y a partir este preciso momento todo transcurre en una especie de cámara lenta:
Jalé el mecate que el camión tenía por timbre y me bajé por la puerta de adelante, mientras el camión se detenía pasé por el frente de él a paso rápido mientras veía mi destino al otro lado de la calle, literalmente frente a mis ojos; pensaba "espero que me disculpe por llegar tan tarde".
Dando el segundo paso en la calle expuesta veo a un auto venir a una velocidad impresionante, en mi mente pensé "¡demonios, no va a frenar!, ¡brinca hacia atrás! No, atrás está el camión ¡brinca!" y así es como dí un salto equivalente a tres pasos largos; por desgracia y a pesar de que el chofer frenó con el pedal al fondo desde una distancia usualmente factible, en esta ocasión no fue suficiente y la facia me alcanzó la pierna izquierda y la llanta delantera derecha del auto oprimió mi pie contra el pavimento arrastrándome unos metros antes de detenerse totalmente y arrojarme otro tramo en el aire. al caer al suelo me fue imposible detenerme y rodé hasta que la inercia se acabó, me levanté tan rápido como pude y miré mi pie. ¡Mi zapato estaba roto! los únicos tenis converse que había tenido en mi vida, casi nuevos habían sido destrozados por un conductor y un peatón (yo) irresponsables. Vaya que estaba molesto, pero me dediqué a caminar hacia casa de ella; al pisar con el pie izquierdo notaba como algo no estaba bien; algo tronaba, o mejor dicho, estaba flojo; algo que no debería moverse se estaba moviendo.

pues bien llegué con la cara roja a su casa, y a la primera persona que veo es a su adorable madre (es un ángel) y me pregunta: "¿que te pasó?" a lo que yo respondo en tono irónico: "me acaban de atropellar" (¬¬ ) y ella en seguida nota mi zapato destrozado así que se preocupa y me atiende con alguna especie de ungüento o crema que me ayudó bastante.
Una vez que el efecto de la adrenalina pasó me vino a la mente todo lo que pudo haber pasado en caso de que el auto no se hubiera detenido, o que yo no lo hubiera visto, además ¿Qué me iba a decir mi padre? "seguro me mata" -pensé-, además me moría de ganas por verla, así que pasé de un vivido color rojo a un pálido impactante, mientras tanto la razón por la que yo estaba tan desesperado por llegar estaba ocupada en la parte trasera de la casa por lo que no se dio cuenta sino hasta unos 10 minutos después (que se me hicieron eternos).
Así una vez que la vi y comprobé que estaba bien (paradójico, ¿no?), llamé a mi padre para decirle "papá, ehm... me atropellaron frente la casa de mi novia, no te preocupes, estoy bien pero; no puedo caminar bien", y así en menos de 15 minutos mi padre llegó y me cargo como príncipe azul a su princesa y me metió en el auto.
"Tienes el pie roto" me dice mi padre viendo la radiografia que le acababa de ver el doctor, "¿ah si? ¿así nada más?"-repliqué-
-"¡pues te atropelló un carro! ¿que esperabas?"
-"pensé que dolería más"
La enfermera entró al consultorio y nos dijo "¿quieren que le ponga una inyección para disminuir el dolor?"-refiriéndose a mi, claro- a lo que yo automáticamente respondo: "no gracias =) no duele tanto", la enfermera se dirije a mi padre y le dice: -"su hijo se ve muy tranquilo, creo se está haciendo el fuerte"
-"póngale la inyección al chamaco" replica mi padre, y a lo que adhiere: "no se si le duela o no, pero para que se le quite lo menzo".
al final del día cené con ella y mis padres (en muletas claro).

2 comentarios:

.-No3xisto-. dijo...

ushasuahsh no entendi cual era el punto -.- waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa no entendi jajajaj quiza por q esperaba q alguien muriera jajajajajajajaja que malvada soy y q morvosa en fin x me largo saludos

Unknown dijo...

Volviste a contarme esto, pero con varios años menos que cuNdo l primera vez.